Como hace ya un tiempo vengo participando del grupo para profesionales que coordina Dalmiro un viernes por mes en su Instituto, me pareció que sería de enorme interés para todxs contar con la posibilidad de escucharlo y verlo trabajar en el despliegue de una escena, en su modalidad de concebir el concepto de “sharing” (que no se circunscribe al momento posterior a la dramatización), en que pudiéramos acceder a la riqueza que implica escuchar el momento del “procesamiento”, donde, como decía Dalmiro (en adelante DB) el pasado sábado “ahora movemos este botoncito que tenemos acá (señalando la zona central del pecho), y pasamos de la modalidad emocional a la de la comprensión más racional…”, haciendo alusión de manera lúdica a la frecuente escisión que nos atraviesa respecto del sentir y el pensar…
Al preguntarle por la posibilidad de contar con su presencia en la Jornada, no pasó más de un breve instante para tener una respuesta afirmativa de su parte. Acordamos detalles, fuimos puliendo mínimas cuestiones de logística previa, y allí me encontraba, una brillante mañana de fines de octubre, conduciendo hacia el barrio de Palermo, para pasar a buscar a uno de los más importantes referentes de la escena psicodramática local, latinoamericana y, me atrevo a decir sin temor a exagerar, mundial.
Entrando ya en la actividad propiamente dicha, comenzó la jornada con un momento en el cual DB hizo referencia a la escena local del psicodrama, sus primeros momentos, el modo en el que él fue acercándose a J.L. Moreno, no sin reparos al inicio, ya que la modalidad que él encontraba en este médico psiquiatra algo extravagante chocaba con su formación previa: “si tocabas a un paciente, como mínimo te tildaban de psicópata”, decía en relación al circulante ideo-axiológico imperante en los primeros tiempos de introducción del psicodrama en nuestro medio.
Una de las cuestiones que me parecen de gran importancia, por varias razones, es algo que comentaba DB en el inicio de la jornada. Tenía que ver, resumiendo bastante, con que el psicodrama es una disciplina que trabaja en el entre, haciendo referencia a la relevancia que tiene lo relativo a lo vincular, a lo intersubjetivo, formando parte inmanente de una concepción psicodramática. En este punto, recuerdo que en varios pasajes de la obra de Moreno podemos encontrar referencias a ese sector de experiencia entre, momentos que me han permitido incluso trazar puentes con los desarrollos de D.W. Winnicott y su conceptualización de los objetos y fenómenos transicionales. Cito un párrafo de Moreno en particular al que vuelvo una y otra vez (las itálicas son del original: “Pero nos inclinamos en favor de la hipótesis de que el factor e [espontaneidad] no es ni un factor estrictamente hereditario ni un factor estrictamente ambiental. (...) parece ser más estimulante suponer que dentro de la esfera de la expresión individual existe una zona independiente entre la herencia y el ambiente, influida pero no determinada por fuerzas hereditarias (genes) y sociales (tele)”
Volviendo a la jornada, hubo un momento en el cual Carolina Pavlovsky propuso algunas consignas que convocaron a casi la totalidad de los participantes, en una propuesta de caldeamiento con una fuerte impronta corporal. Los cuerpos dejaron sus lugares, caminaron por el espacio, se mezclaron, produjeron, invitaron a conectarse con otras afecciones... (breve desvío: creo que el convocar lo corporal implica siempre un desafío, una renuncia a cierta modalidad de comprensión y arriesgarse a nadar en aguas desconocidas. Siempre habrá una parte de esa producción que quedará en ese sector de difícil (sino imposible) aprehensión por la razón, destinada a modalidades otras de captación).
Luego de esto, DB propuso que evocáramos alguna situación (escena) en la que nos hayamos sentido felices, alegres. Esta propuesta tuvo como soporte las producciones de los cuerpos en movimiento, que generaron afectos alegres no verbales, intensidades puras.
Aquí, otro breve paréntesis: cuando Carolina plantea las propuestas lúdico corporales, dos personas no participan de las mismas, quedándose sentadas en los lugares que ocupaban (el espacio físico era una sala de teatro, con sus butacas fijas ubicadas tipo “gradas”). DB hace referencia a la importancia del respeto por los tiempos/momentos del otro; nadie se encuentra obligado a hacer nada que no desee, creo que esto es muy importante, y no sé si siempre lo tenemos presente.
Surge una protagonista, que presta que comparte con todxs la evocación del día en que se había recibido de psicóloga: particularmente el momento en que baja unas escaleras de la universidad y se encuentra en un emotivo abrazo con su madre. En la dramatización emergen afectos intensos, emoción, llanto, aspectos de la escena que en cierto modo se producen en ese aquí y ahora dramático, que se despliega a través de soliloquios, inversión de roles y un breve “doble” efectuado por DB. Se comparten resonancias por parte del público, y pasamos a procesar lo trabajado.
Para ir finalizando, algunas puntuaciones más. Por un lado, DB hizo referencia al contexto en que se desarrolló la dramatización, teniendo en cuenta que el despliegue que realizó de la escena prestada por la protagonista estuvo en cierto modo acotado: esto tuvo que ver con tener en cuenta el elevado nivel de exposición que implica ser protagonista en un contexto como el de la Jornada... y yo agrego que al tratarse de un evento que no se enmarca en un proceso que se sostiene en el tiempo, es esperable que la dramatización se desarrolle más con una finalidad exploratoria que con una elaborativa. El concepto de adecuación es también pertinente para este punto.
Ahora sí, por último, algo en relación a la escena, que surgió en el momento del procesamiento. Plantea DB que toda escena evocada es una escena “incompleta”, en el sentido de que en ella quedó algún afecto o emoción sin elaborar, algo bloqueado, que no logra circular. El despliegue y el trabajo dramático permitiría esa elaboración, logrando a través del trabajo de la escena, cierta tramitación que permita la circulación, el desbloqueo, que la despoje del peso de lo no metaboliado, de la tensión que podría provocar ese afecto que clamaba su puesta en escena, su puesta en palabras...
Nuevamente, gracias Dalmiro por compartir con nosotros…!
Gustavo Kendelman, Octubre/Noviembre de 2016.-
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