Terapia Expresiva Grupal: Psicodrama y Musicoterapia

Terapia Expresiva Grupal: Psicodrama y Musicoterapia
Reflexiones sobre una experiencia de clínica ampliada

Lic. Pablo Ruocco
Exposición que se presentó en el marco del
X Congreso Iberoamericano de Psicodrama Chile 2015

PALABRAS PRELIMINARES

Mi primera intención de esta exposición, es compartir con algunas preguntas, dudas, confusiones. Lamento decepcionarlos si llegaron a esta lectura con la intención de encontrar certezas absolutas, respuestas convincentes, enérgicas afirmaciones, rotundas convicciones. No, nada de eso.
Se trata de una experiencia clínica que coordiné el pasado año 2014, junto a una colega musicoterapeuta. Luego de varios meses de pre-tarea, en el que pensamos el encuadre, la dinámica de dicha propuesta, así como también la manera de abrir la convocatoria, la dimos a llamar “Terapia Expresiva Grupal”.

Para pensar el dispositivo, tomamos la noción de Clínica Ampliada, basada en la perspectiva de la Multiplicidad. La Multiplicación Dramática, dispositivo concebido por Eduardo Pavlovsky y Hernán Kesselman, se propone como una “nueva forma de pensar el dispositivo grupal”, la cual posibilite “construir nuevos espacios tiempos a través de la multiplicidad de versiones de los integrantes del grupo (1)”.

Desde esta perspectiva y tomando la Multiplicación Dramática como plafón, la presente exposición no ofrecerá un orden claro y preciso, tampoco una descripción detallada de sucesos; mucho menos, análisis complejos e intrincados. Más bien tendrá la apariencia de un collage: recortes subjetivos, resonancias caprichosas, miradas parciales. Tomando a la espontaneidad y la creatividad como pilares del Psicodrama, propongo que, por un momento, nos dispongamos todos a compartir esta experiencia de “reflexión lúdica”.

Para ello, me dispuse a plantear esta exposición en tres momentos, tomando la estructura de una sesión de Psicodrama: una Introducción/Caldeamiento, un Desarrollo/ Dramatización, y un momento de Conclusiones/Sharing.

INTRODUCCIÓN | CALDEAMIENTO

El dispositivo clínico al que hago mención, se pensó como un espacio con finalidades terapéuticas, de modalidad grupal, de frecuencia semanal, y en donde pudiesen convivir ambos dispositivos terapéuticos: el Psicodrama y la Musicoterapia. Trabajamos desde el paradigma de la Multiplicación Dramática, en tanto marco referencial que nos permitiera complementar ambas disciplinas.

Para ello, tomamos algunos conceptos que Jacob L. Moreno ya había desarrollado en una de sus publicaciones: Psicomúsica y Sociodrama”. Cito: “El psicodrama me estimuló a realizar un esfuerzo paralelo en el campo de la música, esfuerzo que he denominado Psicomúsica (2)”.
Menos conocido, aunque más cercano en el tiempo, su sobrino, Joseph J. Moreno, en un texto más que esclarecedor, “Activa tu música interior: Musicoterapia y Psicodrama”, refiere (para nuestra tranquilidad) que “J. L. Moreno (…) lejos de ver su propio trabajo como un hecho cultural que debía perpetuarse en su forma original, estuvo abierto a nuevas orientaciones e innovaciones. Acogía con gozo el pensamiento creativo y apoyaba activamente nuevas orientaciones, técnicas y aplicaciones del Psicodrama” (3).

Tomando estos basamentos teóricos, afirmamos nuestra concepción clínica, y coincidimos con Eduardo Pavlovsky, cuando relaciona el dispositivo de Multiplicación Dramática al concepto de grupo, en tanto fenómeno creativo que devela la multiplicidad grupal, por medio de las diversas versiones de los participantes de un grupo.

DESARROLLO | DRAMATIZACIÓN

El grupo inicial de participantes-pacientes de dicha experiencia, estuvo conformado con cinco hombres. Por otro lado, dos coordinadores-terapeutas: una mujer y un hombre. A lo largo de los tres meses, esta primera conformación del grupo fue variando. Finalmente, y por una superposición de cuestiones, de esas que atraviesan a lo grupal, decidimos dar por finalizada la experiencia.

Dejando de lado la historicidad lineal de los acontecimientos, tomaré tres viñetas de esta experiencia grupal, en diferentes momentos del grupo:

Sesión N°11: 1 de Julio de 2014

(Resonancia personal del Coordinador - Miércoles 2 de julio)
Hace algunas horas terminó el partido de Argentina contra Suiza, perteneciente a los Octavos de Final del Mundial de Futbol en Brasil. Ganó Argentina 1 a 0.
Empieza a circular ese tema en el grupo. Sufrir, sufrir para lograr algo mejor… Ganar, perder. Mientras escucho, pienso de qué manera “trabajar” terapéuticamente, sin corrernos ni negar el tema que nos atraviesa a todos -tras mi consulta, todos afirman haber visto el partido- pero sin que el tema nos niegue a nosotros como grupo singular, con un encuadre específico, como espacio terapéutico.

Intentando habilitar algo del orden del proceso, introduzco la singularidad de que uno de los pacientes, R., no vino la sesión pasada, al mismo tiempo que en dicha sesión se había trabajado cuestiones intensas. Empiezan a hablar de cómo quedaron cada uno con respecto a lo trabajado la semana pasada, hacen mención al tema -la muerte de la novia de Rodolfo- desde los bordes, sin explicitar demasiado. Le pregunto a quien no había asistido como se siente. Dice que intentando pescar de qué están hablando, imaginándose algo, pero sin saber si está en lo cierto. Finalmente, R. explicita su pérdida. Siento que se empieza a “enhebrar” algo de “lo social” -el partido, la victoria Argentina- con lo grupal/ personal. Las categorías “ganar” y “perder” cobran otras dimensiones. Aparecen el éxito y el fracaso como nuevas formas de nombrar, ya desde lo singular, algunos episodios personales de cada uno.

Siento que tales conceptos se están hablando desde un lugar de mucho intelecto, manteniendo cierta distancia con respecto a la implicancia desde la cual cada uno habla. Propongo una consigna: divido lo espacio en dos, una mitad será “el ganar” y la otra “el perder”. Invito a que se paren y puedan transitar esos dos espacios, habilitando a que cada uno resuene corporal y emocionalmente. Recorren el espacio, siento que les cuesta “poner el cuerpo”, sin embargo, empiezan a aparecer sensaciones, posturas, que reflejan sus estares del “perder” y el “ganar”.

Una vez más, habilitar lo espacial/ lo dramático, como una nueva posibilidad discursiva, abre a que cada participante pueda registrar nuevas sensaciones y puntos de vista sobre sí. Surge la soledad, la pesadez, la comodidad, el calor, el frío… Finalmente, la posibilidad de un equilibrio, ubicándose en la línea que divide ambos espacios. En un momento, los cuatro participantes se ubican, casi en la misma línea, dentro del espacio “del perder”, mirando hacia “el ganar”.

Mientras releo dicha resonancia, pienso en la insistencia de Deleuze por corrernos de “lo binario”. Pensar en términos de Multiplicidad. Ganar y perder. También se puede empatar. Cómo pensar estas categorías desde la coordinación grupal? Cuando se gana, cuando se pierde, siendo terapeuta? Dinero, pacientes, altas y bajas…?

En este recorte, podemos notar algunas primeras pérdidas, digamos, “reales”: pérdida/muerte de la pareja de uno de los participantes; al mismo tiempo, pérdida de comprensión, por parte de otro de los pacientes, que no había estado presente la pasada sesión. Las altas y las bajas dentro de un grupo, también se sufren como pérdidas y ganancias.

Sin embargo, dentro el proceso terapéutico, ubico “ganancias” que considero significativas: ganancias de sentido, de medios alternativos y complementarios (en este caso, habilitar “lo espacial, lo dramático”) para expresar, de diversos modos, lo que no llega a decirse en palabras. De la misma manera, la posibilidad de “estar con otros”, también se ubica en el terreno de lo “ganado”: poder resonar desde y con otros, amplificando y distorsionando afectos, construyendo nuevos sentidos y multiplicando perspectivas a partir de las producciones grupales. En este caso, la posición en la que se ubican todos, nos permite hacer una lectura del proceso grupal: cohesionados, “en la misma línea” (línea de largada?) dentro de “lo perdido”, en tanto posibilidad de asumir faltas, aunque con perspectivas hacia “lo ganado”.

Pavlovsky explica que “lo que verdaderamente transformador de un grupo de psicodrama es la posibilidad de creación de pequeños acontecimientos que crean nuevos agenciamientos y nuevos espacios tiempos” (4). En dicha sesión, el tiempo y el espacio se vieron transformados a partir de la introducción de la dimensión espacio-dramática. Lo que posibilitó una construcción grupal creativa, que muy difícilmente hubiese sido posible sosteniendo por la vía de lo verbal.

Sesión N°3: 6 de Mayo de 2014

Se vuelve a colocar la “silla vacía”. Se habló de uno de los participantes, quien había avisado que no concurriría más. El grupo lo sintió como amenaza. Se realiza una inversión de rol. Se fueron ubicando en la silla vacía (lugar de quien se fue) y al mismo tiempo, el resto de los pacientes, realizaba preguntas a ese lugar: “por qué nos dejaste y no te comprometiste?, Qué te pasó? Qué hacemos con tu silla vacía? Qué viste que te hizo dejar, porque quizás nos ayude…?”

Desde el lugar, surgieron respuestas tales como: “soy liberal, rebelde, no me gustó y dejé”; “soy músico, egocéntrico, no pensé en ustedes”; “no tenía plata, no me interesaba el espacio”; “dejen la silla cerca, por si vuelvo”; “como todos los músicos, dejé esta banda y me voy a otra”. Ante la pregunta de la coordinación sobre qué hacer con esa silla, se decide ubicarla en un rincón del espacio, “como una penitencia o reto”, según Alfredo. A partir de ello, se realizó una improvisación musical referencial: “adentro - afuera”: elegir un instrumento para sonorizar “lo de afuera” y otro para “lo de adentro”.

Soliloquios de los participantes: “el afuera lo escuché muy desintegrado”; “necesitaba un instrumento que hiciera más ruido para atraer al resto y guiarlos para adentro”; un participante hace referencia a otro, diciendo que lo vé mejor, que está más feliz, que quiere volver, que eligió el redoblante que es muy fuerte; otro, cuenta que el adentro le parece “un desastre, la música no sonaba bien” y “afuera necesité hacer más ruido porque sentía la soledad”; un tercero comenta que “adentro estabamos descordinados, no nos escuchábamos”, refiere los timbres de los instrumentos elegidos: “adentro son todos parches, si bien cada uno estaba en la suya, se sintió más unión”.

En dicha sesión se trabajó con recursos psicodramáticos (silla vacía, inversión de roles) y musicales (improvisación sonora). Se puede observar que ambos permitieron ampliar las percepciones y registros, tanto a nivel individual como grupal. En la apertura, el emergente fue la ausencia de un participante. Podríamos ubicar esta ausencia, en tanto pérdida; asimismo, surgen múltiples proyecciones a partir de la inversión de roles, en donde cada uno deposita aspectos propios rechazados, en ese otro, quien “no asistió”.

Al decir de Joseph Moreno, “si fuera necesario establecer una sola razón fundamental para la integración de la música y las demás artes en el psicodrama, ésta sería que las dimensiones añadidas pueden aumentar el impacto de la experiencia psicodramática y maximizar las posibilidades de estimulación de la espontaneidad y la creatividad de los participantes”(5).
Coincidiendo con Joseph Moreno, habilitar diversas modalidades expresivas, es lo que permite y potencia el desarrollo de la espontaneidad y la creatividad.

Espontaneidad que se relaciona directamente con el movimiento, con lo distinto y novedoso de poder “decir”, más allá de lo verbal. Con el cuerpo, con instrumentos, con movimientos y en el espacio. Creatividad que entusiasma a los mismos participantes, al dar cuenta de su propia capacidad de innovación lúdica: poder hacer algo nuevo, distinto,
con lo que soy, con lo que me pasa. Con otros. El grupo como máquina de producción de sentidos (Pavlovsky).

De esta manera, resulta posible continuar con el eje “triunfo-derrota” en el devenir grupal. En este caso, la derrota de perder a un miembro del grupo, de perder cohesión grupal. Al mismo tiempo, “lo perdido” paradójicamente, da lugar a la búsqueda, a diversas posibilidades de crear ahí donde algo (alguien) dejó de estar. Nuevas miradas, multiplicidad de sentidos que fueron emergiendo a modo de soliloquios, en cada uno de los participantes. Habilitando el cuerpo, lo espacial, lo dramático; lo sonoro, musical, rítmico. Diversas modalidades expresivas que, lejos de “hacer ruido”, conviven y se complementan, al modo de una orquesta.

Sin la necesidad de enunciar interpretaciones de sentido único y cerradas, sino más bien tolerando la divergencia, el caos de las distintas producciones y la multiplicidad de afectaciones y sentidos, el grupo construye producciones maquínicas que otorgan nuevos (y múltiples) sentidos a los primeros emergentes de la sesión. La antigua fantasía de disolución grupal, a partir del abandono de un participante, devino en un re-posicionamiento de las singularidades, asumiendo la diversidad de los participantes y, a partir de ahí, posibilitando un nuevo modo de estar-en-el-grupo.

Sesión N°9: 17 de Junio de 2014

Se integra una nueva persona, mujer, al grupo. Se presenta su situación, por qué está en el grupo. Dice sentir mucho malestar corporal, se angustia, habla de sus dolores, sus molestias ubicadas en diferentes zonas de su cuerpo. Hace años que padece fibromialgia, una enfermedad autoinmune que le produce tales dolencias corporales. Se le propone una improvisación grupal, en donde ella sea la “solista”, y el resto acompañe.

Elije el xilofón, mientras ejecuta, habla y llora. Uno de los participantes varones comenta que: “ella llora por todo lo que nosotros no lloramos”. La paciente, intenta recordar una canción. Luego refiere que le hizo recordar a una canción que le cantaba ella a su hija. Le genera nostalgia darse cuenta del vínculo tan próximo que tenía con su hija, al mismo tiempo que la angustia sentir que su hija “ya está creciendo”.

En este caso, la posibilidad de habilitar lo sonoro-musical como medio de expresión, generó nuevas emociones y percepciones, no solo de la paciente-protagonista (asocia sus dolores corporales con el desprendimiento que siente al ver crecer a su hija), sino al resto del grupo (el paciente que enuncia, a modo de resonancia grupal: “ella llora por todo lo
que nosotros no lloramos”, describiendo la falta de angustia manifiesta que, hasta el momento, se expresaba en el grupo).

Rolando Benezon, en su libro “Musicoterapia: de la teoría a la práctica”, dice al respecto: “Uno de los movimientos de la musicoterapia es abrir canales de comunicación en el ser humano. En el término “comunicación” se incluyen todos los procedimientos por medio de los cuales una mente puede afectar a otra. Esto implica, naturalmente, no solo el lenguaje oral y escrito, sino también la música, las artes plásticas, el teatro, el ballet…” (6)

En esta sesión, al habilitar un canal de comunicación diferente, por medio de instrumentos musicales, se pudieron verbalizar afectos, percepciones y sentidos novedosos. El ingreso de una nueva persona –mujer- al grupo, permitió, también el ingreso del llanto. “Los hombres no lloran”, reza el dicho popular. Dicho que se transformó en sentencia. Sentencia que sólo pudo ponerse en palabras a partir de la dramatización-sonora que el mismo grupo realizó, en tanto producción espontánea y creativa. A partir de la singularidad de cada uno, y la multiplicidad de afecciones existentes –llanto, emoción, alegría, congoja- se generó una producción grupal singular, en donde todos acompañaron a la “protagonista”, sosteniendo, habilitando a que emergiera la angustia.

CONCLUSIONES | SHARING

Hasta aquí la experiencia, los pensamientos y articulaciones con diversos conceptos. Concluir siempre me sonó a cierre. Yo prefiero no cerrar. Dejar abiertas las puertas, que entren y salgan preguntas, cuestionamientos, dudas, incomodidades. Sin reservar ningún derecho de admisión ni permanencia.

Una sola certeza: otro tipo de clínica es posible. Una clínica ampliada, en donde tanto el rol del profesional/coordinador, como el de los pacientes/participantes se corra de los establecidos por las hegemonías academicistas de la época. Si insistimos con la concepción de la Multiplicidad, es porque creemos necesario cuestionar nuestro propio saber, lugar de poder, para dar lugar a plurales divergentes: saberes, poderes, lugares.

“El psicodrama es, sobre todo, un método terapéutico holístico que posee un potencial ilimitado para integrar prácticamente todas las artes: drama, música, arte y danza” (7), nos insiste Joseph Moreno.
La convivencia de diversas técnicas y recursos, en este caso Psicodrama y Musicoterapia, lejos de generar un choque incompatible de disciplinas, lo sentimos como una articulación no sólo posible, sino necesaria y enriquecedora.

A lo largo de las diferentes viñetas compartidas, insistieron las categorías de tiempo y espacio. Tiempos y Espacios. Si de lo que se trata es de construir creativamente otros tiempos y espacios, podemos pensar que tales disciplinas – Psicodrama y Musicoterapia - , dentro el paradigma de la Multiplicidad, posibilitan tales movimientos. Si bien ambas se encuentran atravesados tanto por el espacio y el tiempo, podemos pensar que lo (psico) dramático, se encuentra más asociado al primero, mientras que lo sonoro-musical, al segundo.

Desde lo dramático, ubicamos escenarios, personajes, roles, escenas… elementos inherentes a “lo espacial”, a lo propiamente extensivo. A partir de una inversión de roles, con la posibilidad de mirar las cosas “desde los zapatos del otro”, estamos construyendo un “otro espacio”, una novedosa y creativa manera de generar alternativas de posicionamientos con los otros. Creación grupal de otros espacios posibles.

En cuanto a los recursos sonoro-musicales, realizar improvisaciones, diálogos y soliloquios sonoros, diversos usos de la voz e instrumentos, nos habilita a pensar en construir otros ritmos, velocidades, intensidades… otros tiempos, diferentes al que nos marca el reloj.
Una vez más, coincidimos con Eduardo Pavlovsky, al decir que es necesario “trabajar con la idea de que hay una captura de intensidades que atraviesa todos los órdenes del sujeto: habría que trabajar en todos los órdenes, orden de la palabra, orden del cuerpo, etc.8”
Aprovechando esa hendija, esa posibilidad de aporte que es el “etcétera”, ampliamos: orden del espacio (distancias, roles, extensiones), orden del tiempo (ritmos, velocidades, intensidades).
Ordenes que toleren desordenes, e incluso los fomenten, a partir de la noción de la Multiplicidad intrínseca que cada singularidad posee y cada grupalidad genera.



1 Kesselman, H. Pavlovsky, E.: Multiplicación Dramática. Ed. Atuel. Bs. As. 2006
2 Moreno, J. L: Psicomúsica y Sociodrama. Hormé. Bs. As. 1977
3 Moreno, J. J.: Activa tu música interior. Herder. Barcelona. 2004
4 Kesselman, H., Pavlovsky, E. Ob. Cit.
5 Moreno, J.J. Ob. cit.
6 Benenzon, R: Musicoterapia. De la teoría a la práctica. Paidos. Bs. As. 2000
7 Moreno, J.J. Ob. Cit.
8 Kesselman, H., Pavlovsky, E. Ob. Cit.

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